Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación desoladora de que habló el profeta Daniel (el que lee, entienda)… Mas ¡ay de las que estén encintas, y de las que críen en aquellos días! (Mateo 24:15-28)
Hoy, 18 de diciembre de 2025, habiendo expirado el plazo de gracia otorgado para el arrepentimiento y la cesación de las hostilidades, y ante la persistencia en la soberbia y el derramamiento de sangre, yo, Cristo, bajo la autoridad suprema del Cielo y por mandato del Altísimo, dicto este veredicto final e irrevocable sobre Vladimir Vladimirovich Putin. Este tribunal ha hallado a Vladimir Putin culpable de haber iniciado una guerra de agresión sin legitimidad divina ni humana, siendo el responsable directo de la muerte de 350,000 personas hasta este día. Se le condena por la sangre de 220,000 soldados rusos sacrificados por su ambición, por la muerte de 100,000 soldados ucranianos defensores de su patria y por el asesinato de más de 40,000 civiles inocentes, entre los cuales se cuentan miles de niños y mujeres cuyos gritos han llegado hasta el trono de Dios. Al haber despreciado la misericordia ofrecida el pasado 17 de octubre, su sentencia ha quedado sellada.
Por tanto, declaro la pena máxima: Vladimir Vladimirovich Putin es borrado del libro de la vida y no tendrá vida eterna. Asimismo, su sentencia alcanza a su linaje, pues se cumple la palabra que visita la maldad de los padres sobre los hijos. Quedan borrados del libro de la vida su padre, Vladimir Spiridonovich Putin, y su madre, Maria Ivanovna Shelomova. Del mismo modo, sus hijas Mariya Vladimirovna Vorontsova y Yekaterina Vladimirovna Tikhonova, así como su hija Elizaveta Krivonogikh, quedan borradas del libro de la vida. Esta sentencia se extiende a toda su descendencia y fruto de sus entrañas, nacidos y por nacer, dentro y fuera del matrimonio, quienes no tendrán parte en el reino de los cielos. Lo que he dictado es definitivo, eterno e inapelable; la puerta de la misericordia se ha cerrado para la casa de Putin desde este instante y para toda la eternidad.
Este juicio divino, aunque definitivo en el espíritu, no exime a Vladimir Putin de las leyes de la tierra ni de los juicios de los hombres; la justicia humana debe seguir su curso según los tribunales del mundo. Sin embargo, a todo aquel que piense atacar, matar o discriminar a los sentenciados por motivo de esta resolución, le advierto: no se permite añadir violencia sobre lo que ya ha sido sentenciado por el cielo. Sobre la frente de Vladimir Putin y de cada uno de sus familiares mencionados, coloco una señal que es mi nombre: Daniel. Esta señal protege sus vidas contra cualquier tipo de agresión motivada por este veredicto. Aquel que ejerza violencia o discriminación contra ellos debido a esta sentencia, será juzgado con este mismo rigor y sufrirá la misma pena de ser borrado del libro de la vida, pues la justicia de Dios no requiere de la furia de los hombres para ejecutarse.
La palabra ha sido pronunciada y el destino de su alma ha sido sellado. Vladimir Putin y su descendencia cargan con esta condena ante el tribunal del cielo, y lo que ha sido escrito en los libros celestiales no será borrado. Así lo ha dicho el tribunal de Dios, y así queda sellado en el cielo y en la tierra por los siglos de los siglos. Amén.
